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Ludo, el vampiro



Buenas tardes a todos. No he podido subir reseñas esta semana porque entre a clases y los profesores me han cargado de tareas y proyectos por lo que se me ha vuelto complicado seguir el ritmo en que el estaba subiendo entradas antes. Aun así, quiero compartirles una historia que comencé a escribir basándome en los libros de la magnífica "Anne Rice" en especial el libro "Entrevista con el vampiro". Hace tiempo que la escribí, espero que les guste y si desean comentar cualquier cosa no duden en hacerlo.

Ludo, el vampiro




Capitulo 1
— ¿Qué si alguna vez he amado? — repetí la pregunta en voz alta ante su rostro repleto de incredulidad. — Lo he hecho. Incluso con la misma pasión que tu lo haces ahora.

— Ya veo…— contestó Mijaíl algo pensativo. Caminó lentamente hasta la vieja chimenea postrándose frente a ella en un sutil y frío silencio por varios minutos. — Me cuesta creer tus palabras, Ludo. — habló por fin mientras atizaba el fuego que estaba a punto de convertirse en ceniza.

Por un momento, seguí mirándolo incapaz de contestarle, pues sus palabras me fulminaron inesperadamente.

— ¿Te cuesta creer que un ser de tales condiciones pudo albergar algún sentimiento? — Pregunté con arrogancia agitando levemente la copa de vino tinto que sostenía en mis manos. — Recuerda que tú eres mi creación. Parte de la sangre que recorre tus venas alguna vez estuvo dentro de las mías, en este maldito cuerpo y eso no te imposibilita tener sentimientos.

Mijaíl se sobresaltó, casi como si acabara de despertar de un sueño. Por unos momentos solo se escuchó el crujir de la madera quemándose y un grillo en algún lugar de la oscura habitación.

— Es verdad que compartimos este vínculo de sangre, Ludo. — masculló mirando el acelerado fuego que ardía vorazmente desde las cenizas. — Tú eres mi creador, mi único padre. Mi maestro. Pero a excepción de eso, ya no existe ningún otro sentimiento que nos llegue a unir, como me pasa con Verónika.

— ¿Sentimientos? ¡Amarla no te devolverá ni un gramo de la humanidad que alguna vez tuviste! ¡Nosotros no tenemos sentimientos! — Exclamé sobresaltado ante sus palabras. — ¿Crees que podrías tener una feliz vida a su lado? Somos monstruos, Mijaíl. Monstruos inmortales exiliados en la oscuridad, solo tenemos una única razón de ser y esa es la sangre.

— La sangre es vida, mi maestro… vida para ti y para mí. Pero yo no deseó arrebatarle a Veronika su alma puesto que es la razón por la que la amo. Decid que nuestra especie no alberga sentimientos, pero tu bien sabes lo que siento. Se ha hablado de dones, habilidades que no todos tenemos, pero puedo sentirme dichoso de haber conservado algo de mi humanidad.

— Entonces ¿Qué es lo que deseas? Vivir con ella hasta su longevidad y una vez que muera, lanzarte al fuego para extinguirte a su lado ¡tonterías! — lancé la copa con gran fuerza rompiéndose en cientos de cristales al estrellarse contra el suelo. — ¡Somos superiores! Seres eternos, no debemos delimitar nuestra condición por amar a una humana ¡Somos superiores! ¡Ella es nuestra comida, no tu amante!

Salté con rabia del sillón otomano directamente hasta el viejo librero de cedro que alguna vez estuvo repletó de libros, recargándome en él con ambas manos mientras intentaba calmar la furia que en esos momentos me invadía con gran fuerza. Lancé una mirada fugaz por encima de mi hombro para contemplar una vez más el rostro del hijo que me desafiaba y pude verlo en todo su esplendor.

Su lacio cabello castaño llegaba hasta el inicio de su cuello vertido en dos aguas sobre su frente, escondiendo un poco sus enormes ojos cafés que alguna vez arrojaron destellos de excitación al verme y su pálida piel trigueña que brillaba ligeramente bajo el resplandor de las llamas.

— ¿Alguna vez has amado? — preguntó de nuevo Mijaíl. No quise contestarle, en cambió empecé a caminar a través de la habitación con la vista perdida en el suelo intentando disuadirlo. — Quiero saber cómo fue…

Sus ojos se dirigieron de nuevo al fuego y por un momento estuve a punto de hablar. Por siglos había guardado celosamente la historia de mi primer vida, ni siquiera se la había revelado a Mijaíl, el único hijo que renunció a la sed de conocimiento por permanecer a mi lado todos estos años.

— Es algo que no debes saber. Pertenece al antiguo Ludo…

— Soy parte de ti al igual que el antiguo Ludo, aunque te cueste aceptarlo. — reclamó Mijaíl sin resignarse a mis palabras y
agregó. — ¿Quiero saber cómo fue?

Me detuve a espaldas del fuego haciendo que mi sombra se extendiera por las paredes de la habitación, recordándome aquella sombra que alguna vez estuvo presente frente a mis ojos mortales. No pude evitar mirar fijamente a Mijaíl mientras él hizo lo mismo esperando una respuesta, eso me estremeció.

— Fue hace cientos de años… no recuerdo muchas cosas. — mentí. Todo estaba dentro de mi mente incapaz de suprimirse como una marca en la corteza de un roble.

— Aún así quiero saberlo, lo mucho o poco que recuerdes, quiero saberlo. —

»Tenía diecisiete años cuando mi padre fue a dar a prisión. — empecé a narrar. — los motivos; haber robado un trozo de pan duro para alimentarnos. Aunque en estos tiempos pudiera sonar bastante ridículo, en el siglo XVII era lo peor, incluso si hubiera robado un insignificante chícharo hubiera recibido el mismo castigo. En ese entonces vivíamos en la Nueva España bajó el mandato de la corona real. No teníamos ningún tipo de privilegios, éramos de la clase denomina pobres, pero aun así disfrutábamos con pasión todo lo que la tierra prometida nos ofrecía.

— No cambie mucho en el momento de mi conversión como tú lo hiciste, Mijaíl. — el me observó detenidamente, estaba a punto de hablar cuando lo interrumpí.

» Siempre tuve la piel pálida pero no tan perfecta como lo es ahora, mi cabello rubio llegaba hasta mis hombros como cualquier español en esos tiempos y unos enormes ojos verdes destellantes con los cuales podría haberme hecho pasar fácilmente por un felino. Tenía todos los modales de un caballero. Mi madre se había encargado desde que era un pequeño en convertirme en un hombre de sociedad como cuando ella perteneció hace muchos años.

— Entonces, tus padres fueron acaudalados. — dijo rápidamente antes de que prosiguiera.

» Mi madre venia de una de las familias más poderosas del reino español, dueños de una fortuna demasiada considerable, títulos ofrecidos por la misma corona, contactos prominentes de naciones establecidas y algunas otras que estaba en ascenso. Podría decirte que ella era toda una eminencia. Dotada de una inteligencia indiscutible; hablaba tres idiomas incluido latín antiguo, conocía como la palma de su mano las obras de Aristóteles y de Euclides. Y además de todo, agraciada de una belleza sin igual.

» Mi padre era todo lo contrario. Una epidemia mató a sus padres dejándolo huérfano cuando apenas era un bebé. Criado para trabajar, solo eso, para trabajar sin descanso. No tenía una cámara repleta de oro, tampoco un título nobiliario y mucho menos una educación respetable. Pero aun así conquistó el corazón de mi madre asiéndola que renunciara a todas las comodidades por una vida de amor a su lado.
 
— Haber renunciado a sus riquezas por vivir con mi padre, significó años de hambre, calor y sudor. — comenté. — y todo eso se complicó a mi llegada.

» Fue entonces cuando se sintieron atraídos por las historias de aquellos marineros que volvían de las indias con toneladas de minerales, cereales y pieles que nunca habían visto en su vida. Todos ellos contaban maravillas del continente después del ancho mar, de aquella porción de tierra donde podrían encontrar una vida mejor. Y de esa manera partieron en su búsqueda.

» Al poco tiempo de haber llegado a la Nueva España, mi padre logró conseguir trabajo en las minas de cobre, no era bien pagado pero bastaba para vivir tranquilos. Con el pasó de los años estuve listo para poder ayudar económicamente y lo hice de la misma forma que mi padre.

» Hasta que ocurrió el gran derrumbe en las minas, llevándose decenas de muertes consigo. Afortunadamente no resultamos heridos, solo tuvimos algunos cuantos moretones y contusiones, nada graves comparados con lo que vendría en los próximos días

.
— Al haberse derrumbado las minas, no hubo paga alguna para los trabajadores que sobrevivieron. — esbocé una pequeña sonrisa. — ¿sabéis que es lo peor de ser un vampiro?

Mijaíl reflexionó un poco desde el lugar donde estaba. Contuvo su mirada atónita por unos segundos y deslizó una mano por su cabello castaño, incapaz de contestar guardó silencio para escuchar mis palabras.

— Que el hambre nunca se va. — confesé. — perdemos nuestra fe, sentimientos, incluso el alma. Pero el hambre nos acompañara por siempre, haciéndonos esclavos de la sangre por toda nuestra existencia.

— ¿Y eso no te hace sentirte humano?

— Muy al contrario de eso… me enferma.

» El invierno se presentó ante nosotros de una forma tormentosa. Fue la cereza en el pastel. Teníamos una pequeña choza junto a la de otros trabajadores en la zona olvidada, aquel lugar donde esclavos y trabajadores perecían de inanición, enfermedades y sufrimiento. La corona española prefería tenernos confinados a todos en un mismo lugar, como una forma de control.

» Aquel día mi padre salió de la choza a primera hora de la mañana. Tomó su viejo chaleco negro, le dio un beso a mi madre y despeinó mi rubio cabello. Avisó que regresaría antes del anochecer con algo de comida, pero no lo hizo y eso nos preocupo. A media noche, un amigo de mi padre nos dio la noticia; intentó robar un pedazo de pan y fue llevado a prisión.

— No podíamos quedarnos de brazos cruzados. — dije. — teníamos que sacar a mi padre de la cárcel.

» Mi madre estaba segura de que si hablaba con el oidor1 acerca de la situación de mi padre intervendría de alguna forma en la condena. Y cuando a mi madre se le metía a la cabeza una idea, por más demente que fuera no descansaba hasta cumplirla.

» Así que fuimos a las puertas de la real audiencia. Dos guardias resguardaban el lugar fielmente. Toscos y rudos nos miraron de la misma forma que las personas ven a un vagabundo, mostraron una pequeña sonrisa y lograron que me sintiera la peor persona del mundo. Pero con mi madre no lo consiguieron, ella mantenía su voz firme esperando sonar lo mas aristocrática posible, aunque a los ojos de ellos fuéramos unos andrajosos, hasta que nos dejaron pasar.

» Nunca había logrado estar dentro de un lugar tan hermoso como la real audiencia. Enormes columnas de concreto se alzaban por los pasillos, brillantes candelabros de oro con sus respectivas velas encendidas colgaban de los techos adornados con las más hermosas pinturas. En ellas estaban plasmadas decenas de ángeles disfrutando de la paz del paraíso, entre nubes blancas que se difuminaban por el amanecer.

»Y mi madre era feliz ahí. Lo podía ver en sus enormes ojos verdes que se deslumbraban al caminar entre las esculturas y muebles que profundizaban el lugar. Estaba seguro que ella alguna vez vivió en un palacio como este. Sentía la dicha que emanaba y los recuerdos que pasaban por su mente.
 
» Uno de los guardias nos escoltó hasta un pequeño salón que también estaba siendo resguardado por otros dos guardias. En esos tiempos no era muy común que atacaran los edificios públicos ni a los encargados, pero aun así trataban de tener un poco de seguridad en el lugar. El oidor estaba sentado en un pequeño sillón blanco conversando con una mujer con un enorme peinado. En mi larga existencia nunca he vuelto a ver un extraño peinado como ese.

» — Disculpe, mi señor. Estos son las personas que desean hablar con usted. — dijo el guardia. El oidor enseguida hizo una señal con su mano para que nos acercáramos y la mujer se retiró a un estante repleto de libros.

» — Adelante, adelante. No tengo mucho tiempo, decirme lo que quieren. —

» — Soy Magdalena de Gálvez…

» — ¿Magdalena, eres tú? — interrumpió la mujer sorprendida acercándose rápidamente frente a nosotros. — No me recordáis, soy Ana Lucia ¿pero qué te ha pasado?

Nunca podre olvidar el rostro de mi madre repleto de vergüenza al ser reconocida por la mujer. Es algo que siempre tengo presente. Bajó la mirada por unos momentos al suelo y después la dirigió con una enorme sonrisa a la mujer.

» — He formado una familia.

Solo pronunció esas palabras con firmeza y regresó su mirada al oidor que observaba toda la situación confundido.

» — ¿Ana Lucia, conocéis a esta mujer?

» — Si, mi señor. De jóvenes fuimos integrantes de la corte española. — caminó elegantemente hasta llegar con el oidor y se postró a su espalda. — Magdalena fue la acompañante principal de la Reyna.

Tenía muy en claro que mi madre provenía de una familia distinguida en España, mi padre mismo me lo contó aunque ella se había negado hacerlo, pero nunca me hubiera imaginado que era la misma dama de la Reyna.

Pude ver el rostro del virrey al escuchar las palabras de su esposa, tampoco lo podía creer. Movió los dedos de su mano izquierda con tensión y llamó al guardia que nos había escoltado.

» — ¿Cuál es el nombre de su consorte? — preguntó el virrey a mi madre y ella contestó con sequedad. — Ve a buscar alguna noticia sobre él, ha sido encarcelado. — El guardia salió de la habitación inmediatamente que se le hizo la orden.

» — Así que tu esposo es comerciante. — dijo Ana Lucia casi segura de sus palabras, mientras acomodaba su vestido.

» — Es minero al igual que mi hijo.

»La señora Ana Lucia, no contestó. Por alguna razón movió su boca pero no salió ninguna palabra y nos observó detenidamente de pies a cabeza. Por minutos nadie hablo, ni siquiera yo tuve el valor de decirle a mi madre que nos fuéramos de ahí. Eso hubiera sido la mejor idea, desde luego, lo hubiera sido.

»Cuando llegó el guardia se dirigió directamente hasta el oidor, pronunció unas palabras casi inaudibles mientras el oidor solo movía la cabeza. El guardia se retiró de la habitación y una vez que estaba cerrada de nuevo la puerta, el oidor se levantó de su asiento y buscó algo entre los cajones de su mesa.

— Su esposo fue ejecutado hace unas horas. — confesó fríamente.

»Sentí como si un gran peso callera sobre mí, como si estuviera a punto de aplastarme y no pudiera hacer nada al respecto. Mi madre apretó fuertemente mi mano, una lágrima se deslizó lentamente por mi rostro, estaba llorando, en esos momentos estaba llorando.

»Pero mi madre seguía firme. No se movía, ni sollozaba, podía apostar que ni siquiera respiraba hasta que por fin lanzó un fuerte suspiro agonizante y caminó tomándome de la mano hasta la puerta del salón.

— Tomáis este medio real, por venir hasta acá. — dijo el oidor arrojando la pieza de cobre al suelo.

»No nos detuvimos, seguimos avanzando sin mirar hacia atrás. Escuchamos como la moneda cayó en el suelo, con eso podríamos comer ese día, pero mi madre siguió avanzando y no le tomó importancia.

»Cuando estábamos a punto de salir de la real audiencia, Ana Lucia ordenó a los guardias de la entrada que nos cerraran el paso. Cuando llegó frente a nosotros, nos ofreció asilo y comida en su casa, a cambió de trabajo. Mi madre lo aceptó, no por ella, sino por mí. Ese fue otro de los errores.


»Vivimos años bajó el techo de Ana Lucia y el oidor. Mi madre trabajaba como lavandera y yo en las caballerizas encargándome de la limpieza de los caballos. No teníamos una buena paga, pero teníamos un pequeño cuarto para dormir y algunas veces la señora Ana Lucia dejaba que mi madre tomara el té con ella. Eso me bastaba a mí.

»El tema de mi padre tampoco se tocaba. Mi madre solía rezar por el todas las noches, pero nunca hablamos sobre él, ni siquiera en los momentos en que mi madre estaba más vulnerable, no quiso hacerlo.

— Eso lo heredaste de tu madre. — dijo Mijaíl con la mirada retraída. — el quererse guardar todo lo que sienten.

— Esperaba haber heredado otras cosas de ella.

— Debo decir, que aun no has contestado mi pregunta. — dijo Mijaíl desde la chimenea.

— Una mañana llego un enorme carruaje a la hacienda de Ana Lucia, su hermana venia por unos meses y con ella la acompañaba su hija.

» Valeria, era su nombre. Su cabello era castaño dorado, caía onduladamente por toda su espalda, su piel era blanca y su sonrisa destellante. Desde que la vi, sentí como mi corazón latió más fuerte, todo a mí alrededor cambió y el tiempo se detuvo.

» En el tiempo que vivió en el castillo, pude acercarme poco a poco. Primero cuando tomé su mano para que subiera al carruaje que los transportaba hasta que pude entablar una conversación con ella.

» Era todo para mí, yo lo sentía de esa forma, porque tal vez era un estúpido humano y estaba dotado con ese sin fin de sentimientos ahogantes. Pero ella me correspondía, lo podía ver en su mirada y en la forma en la que me trataba, tan diferente como a un sirviente y tan distinto como a un amigo.

» Fue una noche cuando pudimos hablar más tranquilos. Escale hasta la ventana de su habitación y ella me recibió gustosamente en ella.

» — Mi querido, Ludo. Si mi madre te descubrirá aquí, seguro que te manda a fusilar.

» — Correré el riesgo, Valeria. Todo por pasar un instante contigo.

» — ¿Solo un instante? — preguntó Valeria dando unos pasos lejos de mi. — ¿solo con un instante te basta?


» — Toda la vida, mi dama. Haría todo lo que fuera por estar contigo toda la vida.

» Valeria se acercó hasta mí, me miró fijamente con sus enormes ojos cafés y se acercó a mi oído.

» — Entonces regresa con una gran fortuna contigo, solo así, podría vivir contigo toda la vida. — susurró Valeria y depositó un beso en mi mejilla. — Ahora márchate de aquí, y esa será nuestra promesa; yo seré tuya cuando tengas oro en tus manos.

» — Esa noche no pude dormir. Creía fielmente en la promesa de Valeria y algo me hacía pensar que podría desposarla legalmente con el permiso de su madre.

Fui hasta la tumba de mi padre, llore en ella como nunca lo había hecho. Le pedí que me ayudara, le confesé que amaba Valeria como nunca antes había amado a alguien y que hiciera lo que pudiera para que ella fuera mía. Y algo más en el cementerio logró escuchar mis súplicas.

» — ¿Darías lo que fuera, por esa mujer? — dijo una voz dulzona y jovial en mi espalda. Me volteé completamente y puede ver a una pobre mujer que apenas y dejaba ver su rostro, pero su ropa estaba completamente hecha de harapos. — La amas tanto, para ser todo lo posible para estar con ella.

» — Todo lo posible para estar con ella. — dije incorporándome frente a ella. — Conseguiría todo el oro del mundo si así fuera necesario.

» — Yo puedo dártelo, todo el oro que desees, todo lo que necesites, yo puedo dártelo.

» — Si, así pudiera, ¿Cómo lo haría, señora? Dudo mucho que cuente con eso.

» — Yo puedo dártelo, solo necesito algo de ti.

» — Sí, usted puede, que así sea.

» — Que así sea entonces. — dijo la mujer y se lanzó sobre mí de un solo salto. Sentí como se aferró de mi cuello con fuerza y como lo destrozaba  dejando brotar chorros de mi propia sangre. Un dolor intenso me sacudió por completo y cuando menos lo espere perdí el conocimiento.

1.- Oidor. Era la denominación de los jueces miembros de las Reales Audiencias o Cancillerías, tribunales colegiados originarios de Castilla, que se convirtieron en los máximos órganos de justicia dentro del Imperio español.


Segundo capitulo
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11 comentarios:

  1. oooohhh pero que bueno!! me ha gustado, ademas de el nombre Mijaíl*-* ops jeje Espero leer otro cap pronto :D saludos

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    1. Gracias por comentar, espero que te haya gustado :) pronto el nuevo capitulo

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  2. Excelente!! Atrapante!! Conmovedor!!
    Podés darme tu correo para hacerte un par de sugerencias? Saludos

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    1. Gracias por ayudarme con las correcciones :) nuevo capítulo cercas, para que estés lista para leerlo, saludos

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  3. I see what you did there... Es el reloj de Bree Tanner jaja

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    1. jaja si, copie la imagen de ahí jojo, me gustaba mucho esa portada :)

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  4. OH!! juan!! primero quiero decirte que no sé que edad tengas, pero escribes como una persona adulta y madura. Se nota que tienes mucho intelecto, que has leído mucho. Me encantó. Las palabras que usas, como lo describes. Excelente!! me encantó.
    RBC.

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    1. Hola, muchas gracias!! De verdad, te agradezco mucho que te haya gustado mi historia :)

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  5. Te felicito, amo escribir y leer historias de vampiros. Ya te sigo. Un abrazo.

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    1. Gracias, espero que te guste la historia :) pásame tu blog para seguirte yo también, saludos

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  6. No puedo creer que tarde tanto en leerte, peor creo que lo hice cuando tocaba .

    Me ha gustado mucho, creo que me dan ganas de seguir leyéndolo. ya quiero saber mas acerca de Ludo y su amor.

    Gracias por compartirlo.

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